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Cada año fallecen 25.000 personas en la Unión Europea a causa de la resistencia a antibióticos derivada de un uso excesivo o innecesario de los mismos, según las conclusiones de una jornada organizada por el Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad y Política Social.
En el caso de España, la diseminación mundial de enterobacterias, como la Escherichia coli, se ha convertido en "un gran problema de salud en España", destacó José Campos, del Centro Nacional de Microbiología y miembro de la Red Española de Investigación en Patología Infecciosa (REIPI). A su juicio, las "perspectivas no son esperanzadoras" ante el aumento continuo de multirresistencias y la aparición y diseminación de superbacterias.
A esta situación contribuyen, según los expertos, tanto la población, que abusa de los antibióticos, como los propios médicos, que los prescriben de manera excesiva. Según un informe de la Comisión Europea, alrededor del 60% de los antibióticos para medicina humana se recetan para tratar infecciones de las vías respiratorias superiores, a pesar de que la gran mayoría están causadas por virus. La combinación de pacientes con sistemas inmunológicos debilitados, junto con una exposición prolongada a medicamentos antiinfecciosos además de las infecciones cruzadas ha dado pie a infecciones nosocomiales con patógenos altamente resistentes, entre los que se incluyen, en concreto, el enterococo resistente a la vancomicina (VRE) y al Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA), así como a ciertas infecciones graves por hongos.
Infecciones en niños
“Los niños son más proclives a contraer infecciones respiratorias, pero a causa del uso exagerado de antibióticos para su tratamiento, las modernas instalaciones de las guarderías se están convirtiendo en puntos negros para la aparición y expansión de la resistencia a los antibióticos”, destaca el informe.
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria ha realizado una revisión de 60 artículos sobre la práctica clínica de pediatras y médicos generalistas en el tratamiento de las enfermedades más frecuentes en la infancia, que demuestra que los pediatras "siguen con más frecuencia que los médicos generalistas las recomendaciones de las guías de práctica clínica sobre el manejo de enfermedades como la otitis, el asma o la hiperactividad, evitando así el abuso de los antibióticos”. El presidente de esta asociación, el doctor Juan Ruiz-Canela, señaló en la presentación del estudio que "la probabilidad de prescribir antibióticos de forma innecesaria a los menores es el doble en los médicos generalistas que en los pediatras, lo que propicia la aparición de más resistencias y el desarrollo de más infecciones a lo largo de su vida".
Sin embargo, la presión de los padres y la medicina defensiva propician, según los expertos, un uso aún excesivo de los antibióticos. Así lo reconoce la doctora Mª Ángeles Mochales, pediatra de Atención Primaria y vicepresidenta de la Asociación para el Estudio de la Medicina Biorreguladora, Asembior, de reciente constitución: “En pediatría se hace un uso indiscriminado de los antibióticos cuando el niño tiene fiebre, aunque no presente inflamación. Se recetan, con un antitérmico, con lo que se anula la reactividad del sistema inmune, y a los 8 días el paciente vuelve con los mismos síntomas”. Además, “la mayoría de los padres no completan el tratamiento y favorecen la aparición de resistencias, por lo que cuando hay una infección fuerte en que los antibióticos sí son necesarios pierden eficacia”, añade.
Para la doctora Mochales, es preferible utilizar la medicina biorreguladora que ayude a “limpiar el organismo de toxinas y potenciar las defensas”. La función de los tratamientos biorreguladores es aumentar la respuesta inmunitaria del organismo, a partir de la producción de interferón y la activación de los fagocitos, y devolver al organismo su equilibrio natural. En los niños la recuperación es más rápida que en los adultos debido a que tienen menos toxinas.
Uno de estos tratamientos, Engystol, ha demostrado en diversos estudios que consolida la respuesta inmunológica natural en casos de infección viral. Contiene dos principios activos: Vincetoxicum hirundinaria, que estimula los mecanismos de defensa propios del organismo en enfermedades virales que cursan con fiebre, y Sulfur, que favorece la capacidad de reacción en todas las enfermedades.
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